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Diabetes Forecast

The Healthy Living Magazine

La conexión entre la diabetes y la depresión

¿El tratamiento de los dos al mismo tiempo puede mejorar la salud física y mental?

Por Andrew Curry ,

Stacey Kaltman, PhD
Fotos de Welton Doby III

Stacey Kaltman, PhD

Ocupación
Psicóloga clínica, Universidad de Georgetown

Enfoque
Medicina conductual psicosocial

Fondos de la Asociación Americana de la Diabetes para la investigación
Fondos para innovación

La diabetes y la depresión están íntimamente relacionadas. Una enfermedad como la diabetes, que dura toda la vida, afecta la salud mental. “Si les pregunta a los pacientes, dirán que vivir con una enfermedad crónica es muy difícil”, dijo Stacey Kaltman, PhD, psicóloga clínica de la Universidad de Georgetown en Estados Unidos.

La depresión, a su vez, dificulta encontrar la motivación para cuidarse la diabetes: es difícil hacer ejercicio, comer sano y completar otras tareas básicas cuando solo levantarse de la cama es un esfuerzo. “Cuando las personas con diabetes tienen depresión, sus resultados son mucho peores”, dijo Kaltman. “Corren el riesgo de tener malos resultados”.

Sin embargo, cuando Kaltman empezó a conversar con los trabajadores de atención médica en las clínicas de la zona de Washington, D.C., se dio cuenta de que algunas de las maneras en que los proveedores de atención médica abordaban la depresión y la diabetes estaban equivocadas. Incluso si ambas ocurren juntas, las trataban separadamente. “La gente solía pensar que si solucionas una, tal vez la otra mejorará”, dijo. Pero no está de acuerdo. “Si una persona tiene múltiples problemas, no tiene sentido ofrecer atención médica separada”.

Con la ayuda de fondos de la Asociación Americana de la Diabetes, Kaltman decidió establecer un programa de tratamiento conductual o intervención orientado a tratar la diabetes y la depresión al mismo tiempo. Esto suena más fácil de lo que es, dijo Kaltman: Muchos cambios en el estilo de vida que se recomiendan para la diabetes también pueden mejorar el estado anímico. “El ejercicio es lo obvio, porque es bueno para la depresión y la diabetes”, dijo. “Las personas que salen y son activas en el mundo se sienten mejor con ellas mismas y controlan mejor la diabetes”.

Para su primer grupo de pacientes, se enfocó en la comunidad inmigrante de origen centroamericano que vivía cerca de Washington. “Los latinos corren mayor riesgo de diabetes y disparidad en el acceso a la atención médica. “Cuando se trata de depresión, tienen muy poco acceso a cuidados de salud mental”.

Kaltman se centró en los pacientes que “no estaban mejorando”, utilizó técnicas comprobadas en el tratamiento de la depresión y buscó maneras de adaptar un programa de intervención que respondiera a las necesidades de las personas con diabetes.

Usó varias técnicas, entre ellas “entrevistas motivadoras” en sesiones de terapia de 45 minutos, en las que Kaltman y su equipo alentaron a los pacientes con los que trabajaron a que se propusieran metas posibles para cambios de estilo de vida saludables. Por ejemplo, preguntaron a los participantes sobre las actividades que disfrutaban y los retos que enfrentan en el cuidado de su diabetes. “En lugar de una lección, tratamos de que fuera una conversación en la que tomábamos nota de lo que ya sabía el paciente y establecíamos metas centradas en el paciente”, dijo.

Cuanto más escucharon, más Kaltman y su equipo se dieron cuenta de que los factores culturales desempeñaban un rol especial en la diabetes y la depresión. Por ejemplo, la epidemia de diabetes entre los latinos se atribuye en parte a una mala alimentación.

Pero alentar a la gente a escoger ensaladas de la noche a la mañana tampoco es realista. Después de hablar con los pacientes, Kaltman se dio cuenta de que si bien la cocina centroamericana es rica en carbohidratos, grasa y frituras, también era un refugio para inmigrantes que se viven en Estados Unidos solos. “La comida es una conexión realmente importante con el hogar, no solo una preferencia”, dijo. Por eso es mejor promover sustituciones graduales que sus pacientes están disupuestos a probar, como comer tortillas de trigo integral en lugar de tortillas de harina blanca.

En el estudio piloto, 18 pacientes recibieron seis sesiones de terapia en el curso de varios meses. “A los pacientes realmente les gustó la intervención”, dijo Kaltman. “Sintieron que alguien los estaba escuchando y se preocupaba por ellos, e hicieron cambios”.

Tras el tratamiento, los pacientes recibieron dos sesiones de mantenimiento a intervalos de un mes. Los observaron también por tres meses para ver si lograban mejorar sus medidas de salud y seguían progresando tras el fin de la asesoría. En promedio, bajó el A1C de los participantes, una medida del promedio de glucosa en la sangre, y los síntomas de depresión desaparecieron. (Uno de los pocos cambios en el estilo de vida que las personas no hicieron fue hacer más ejercicio).

El siguiente paso de Kaltman es un experimento que compara a la gente que recibe psicoterapia con gente que no ve la enorme diferencia que logra la psicoterapia. Mientras tanto, se siente optimista de que su estrategia puede ayudar a la gente a hacer cambios duraderos. “Nos centramos en hacerlo sostenible”, dijo. “El problema con la diabetes es que los cambios tienen que durar toda una vida”.

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